El aspecto psicológico del estancamiento físico.


La mente es la herramienta más poderosa que poseemos para cambiar el cuerpo. Muchas personas al inicio, o en algún momento durante su programa de entrenamiento físico, se encuentran con un punto de estancamiento en su progreso. Esto suele ocurrir por razones médicas, fisiológicas o mentales.

Fisiológicamente, sucede debido a la homeostasis del cuerpo, que es la tendencia que tienen los organismos y la materia a permanecer en el mismo estado en el que se encontraban previamente. Por ejemplo: una persona que ha sido delgada la mayor parte de su vida, si se esfuerza para ingerir un exceso calórico con el objetivo de aumentar de peso, pero al menor descuido su cuerpo tiende a perder el peso ganado y volver a su peso inicial. Esto ocurre debido a que el organismo ya está acostumbrado a funcionar en ese peso específico y le resulta más cómodo continuar con su patrón metabólico previo, que invertir energía extra para realizar una nueva adaptación metabólica para ganar peso. Después de todo, podemos observar que todos los organismos tienden a funcionar bajo un mismo principio universal: “el de ahorro energético o conservación de energía”.

Otra razón para el estancamiento en el cambio físico radica en la mente, pues como he explicado en varias ocasiones en mi libro, todo cambio observable en el ambiente exterior empieza con un cambio de mentalidad. Está demostrado que para obtener resultados espectaculares se debe preparar primero la mente para los cambios que va a experimentar el cuerpo. Esto es así porque sólo se puede transmitir efectivamente al cuerpo, aquello que ya está previamente diseñado y estructurado en la mente.

Sabiendo esto, nos queda claro que el proceso fisiológico de homeostasis puede ser superado si se concibe primero el cambio deseado en la mente, y la estructura de pensamiento se mantiene alineada constantemente con las metas físicas esperadas.
La resistencia física de al cambio, no debe ser menospreciada, pero es siempre menor que la resistencia mental al mismo. O sea, todo cambio físico, por difícil que parezca, queda primeramente subyugado a nuestra percepción mental de lo que es posible, o no es posible hacer.

Por todo lo anteriormente descrito, yo les aseguro que, en cualquier circunstancia, la causa de nuestra apariencia física exterior siempre ha radicado en nuestro interior, y lo que vemos en nosotros mismos es lo que pensamos de nosotros mismos. Para ejemplificar esta aseveración quiero traerles a su conciencia lo mucho que se ha escrito acerca de las personas con “Fat Brain” o “cerebro de gordo”, que han pasado la mayor parte de sus vidas haciendo diferentes tipos de dietas y programas de ejercicios y nunca logran rebajar lo deseado. La realidad es que estas personas nunca se han visualizado como personas delgadas y, mentalmente, siempre se siguen viendo con sobrepeso. El problema con la mayoría de ellos, es su estado mental, que sigue alineado en perfecta concordancia con su apariencia física, aun cuando no sea la que ellos desean.
Con esto amigo mío, espero que entiendas que cuando NO estés consiguiendo la transformación física que deseas, aun haciendo las modificaciones adecuadas en los hábitos de estilo de vida, entonces debes empezar a pensar que no es tu cuerpo el que se niega a cambiar; el problema radica en tu mente, el lugar donde se confeccionan tus pensamientos.
Lo que ves afuera, es el resultado de lo que esta adentro. Confía