Pensamientos positivos producen resultados espectaculares


Lo que explicaré a continuación puede ser un concepto nuevo para muchas personas y algo confuso para otras. La mayoría de la gente vive bajo una perspectiva de reacción ante las situaciones que presenta el medioambiente. En otras palabras, la realidad afecta su pensamiento y, por ende, su comportamiento. Qué tal, si yo les dijera, que es el pensamiento el que afecta la realidad y que todos tenemos la capacidad o el poder de afectar la realidad que vemos y que, de cierto modo, aunque sea inconscientemente, así lo hacemos.
Esto suena difícil de creer y fuerte de aceptar pues nos impone una gran responsabilidad y, en efecto, es así, nuestros pensamientos son los responsables de nuestros resultados. Así que tenemos el libre albedrío de generar nuestros propios resultados a partir de nuestra estructura de pensamiento y esto nos convierte en hacedores y dueños de nuestro destino. Esto quiere decir que no estamos a merced de las arbitrariedades de la vida, y que las situaciones que se nos presenten son producto de nuestra intención y pensamiento. Y si esto es así, si somos completamente responsables de nuestras consecuencias, entonces esto implica que también somos capaces de cambiarlas, modificarlas, reproducirlas y eliminarlas.
Esto suena bien, ¿verdad? Y es completamente comprobable. De hecho, muchas personas conocen esta propiedad del pensamiento y la aplican a conciencia, mientras que muchas otras han aprendido a funcionar, de forma inconsciente, desde esta mecánica de pensamiento y han hecho de esto un hábito de vida, sin que siquiera se percaten de que están aplicando una fórmula de pensamientos generadores de éxito y bienestar.
Ustedes pueden mirar a su alrededor y por sus resultados los reconocerán, son personas sumamente positivas, seguras de sí mismas y con una estructura de pensamiento clara, definida y organizada, que saben dónde están y a dónde quieren llegar. Bajo esa firme convicción, consiguen lograr todas las metas que se proponen. Ese tipo de personas continuamente nos maravillan porque siempre tienen éxito en todas sus empresas. Ahora, a la luz de estos conocimientos, podemos ver que sus logros no se deben a la suerte o a los milagros, sino más bien a su fuerte e incorruptible línea de pensamiento positivo. Este fenómeno también puede explicarse porque en el medioambiente que rodea a estas personas impera la abundancia, la paz y el éxito. Estas características que se expresan en sus vidas sólo reflejan la congruencia que existe entre sus pensamientos y los resultados que obtienen.
La buena noticia es que todos los seres humanos venimos al mundo con la capacidad innata de crear y moldear nuestra realidad a nuestro antojo. Todos poseemos la codificación genética para ser individuos polifacéticos y pluripotenciales capaces de afectar positiva o negativamente el ambiente que nos rodea, pero existe un requisito indispensable para poder ejercer consciente y sabiamente este derecho inalienable que se nos ha dado:
• PRIMERO, debemos reconocer firmemente que este poder reside en nosotros.
• SEGUNDO, debemos saber que esta capacidad actúa conforme a nuestra intención y que sólo nosotros tenemos el control de este poder.
TERCERO y, por último, debemos internalizarlo y fijarlo en nuestro consciente e inconsciente como parte integral de nosotros mismos.

En la medida en que aprendamos a reconocer que solamente nosotros somos la causa de todos nuestros efectos, entonces comprenderemos que, como somos responsables de ellos, también tenemos la potestad de cambiar nuestros resultados. No me parece muy inteligente vivir a merced de las situaciones, cuando sabemos que son creadas por nosotros mismos y, por ende, podemos modificarlas a nuestra voluntad.
Como les he explicado a lo largo de este viaje literario que emprendimos juntos, dado que todos nuestros resultados son la manifestación tangible de nuestros pensamientos, entonces es impostergable redirigir nuestra atención hacia ellos. Sería prudente evaluar la naturaleza de nuestros pensamientos: si son positivos o negativos, si tienen mucha energía o no y si están correctamente alineados con nuestras intenciones. Los pensamientos tienen la capacidad de afectar no sólo nuestras emociones, sino también nuestro cuerpo pues, aunque parezca difícil de aceptar, alteran la materia. Para ejemplificar este planteamiento, les hablaré del científico japonés, Masaru Emoto, y su libro “Los Mensajes ocultos del Agua”, donde escribió acerca de la estructura molecular del agua, y qué la afecta. El agua es el componente más abundante en todos los organismos vivos y en la naturaleza. De los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, el agua es el elemento más receptivo de todos y por esta razón Emoto decidió trabajar con ella. Durante sus estudios identificó que el agua tiene la capacidad de responder a sucesos no físicos y, para comprobarlo, decidió realizar varios experimentos, en los que la expuso a diferentes estímulos mentales y luego la fotografió con un microscopio de campo oscuro. En sus primeros análisis fotografió agua tomada de la Represa Fujiwara en Japón y en las imágenes obtenidas observó unas figuras amorfas, asimétricas y sin ninguna belleza estética. Luego, fotografió otra gota de agua de la misma represa después de haber sido bendecida por un monje budista Zen y, para sorpresa de todos, las imágenes observadas tienen formas con diseños simétricos, armoniosos y con una belleza estética asombrosa. En otro experimento, Emoto vertió agua destilada en varios envases de cristal y en un grupo de botellas anotó palabras de connotación y carga emocional negativa, tales como: “guerra”, “te odio”, “te maldigo”, “enfermedad”, entre otras. Y en el otro grupo de botellas con agua anotó palabras alentadoras, con connotación emocional positiva, tales como: “te amo”, “te quiero”, “gracias”, “salud”, “eres hermosa”, entre otras. Dejó todas las botellas guardadas de un día a otro y, al analizarlas bajo el microscopio, encontró que las gotas de agua que estaban en las botellas rotuladas con palabras con connotación negativa tenían formas amorfas y grotescas. Mientras tanto, observó que aquellas que estuvieron en las botellas con palabras positivas y alentadoras desplegaron formas simétricas, armoniosas, hermosas y agradables a la vista.

Emoto concluyó de sus experimentos que el pensamiento o la intención era la fuerza responsable de lograr esos cambios en la estructura física del agua. No se conoce el mecanismo mediante el cual se afectan las moléculas del agua, pero estos hallazgos nos deben hacer pensar que si un pensamiento puede tener ese impacto en el agua –que no tiene conciencia–, imaginen lo que puede hacernos a nosotros mismos y a los demás, que somos seres con conciencia.

Además, si queremos tener una idea de cuánto nos afectan los pensamientos, sumemos el hecho de que nuestro cuerpo está compuesto en más del 70 % de agua. ¿Pueden ustedes contemplar la repercusión de esto? Este hecho deja claro que el pensamiento, por sí solo, tiene la capacidad de cambiar tanto el cuerpo como la materia (otros elementos y objetos inanimados) y, por ende, también nuestro medioambiente. Se nos hace familiar escuchar acerca del poder de la mente para curar el cuerpo, pero no tan familiar escuchar acerca del poder de la mente para transformar el cuerpo. Pero después de todo lo anteriormente descrito, se debe entender la importancia que tiene la naturaleza del pensamiento para modificar la estructura física.

Una vez determinada la meta de transformación física y establecido el plan de trabajo, se debe mantener una actitud positiva en cuanto al proceso. Los pensamientos positivos generan un ambiente de bienestar y armonía emocional que repercute positivamente en el estado fisiológico de las personas, provocando que se liberen una serie de hormonas, enzimas y otras sustancias que crean el ambiente más propicio para la regeneración, repercusión y crecimiento de los tejidos. Este es el mismo proceso bioquímico, originado a través del estado emocional, que ha ayudado a miles de pacientes con cáncer en su recuperación. Y este peculiar proceso bioquímico sólo puede ser activado desde el interior de cada persona y, conviene saber que es una fuente inédita e inagotable que toda persona posee. Este mismo proceso es el que todos podemos utilizar para lograr la transformación física deseada.
Si tomamos, por ejemplo, a los fisiculturistas que se preparan para una competencia, ellos deben pasar por un proceso intenso que requiere: meses de dieta estricta, arduo entrenamiento con pesas, largas horas de ejercicios cardiovasculares, extensas horas de prácticas de pesas y muy poco descanso físico. Esto exige mucha entrega y una increíble fuerza de voluntad. Al final de la jornada, el día de la competencia, solamente ganara uno, el que posea el físico más definido, tonificado, con menos grasa y agua en el cuerpo. Si me preguntan cuándo este atleta ganó la competencia, yo les diría que no fue el día del evento, como todos ustedes podrían pensar. Ese físicoculturista ganó la competencia muchos meses antes, el mismo
día en que desde su más íntimo adentro surgió la decisión auténtica, inalterable e incorruptible de ganar, acompañada por una fuerte y determinada intención que cabalgó de la mano de una absoluta seguridad del triunfo. Este es un ejemplo bastante representativo de la alineación entre pensamiento, palabra y acción que genera resultados extraordinarios. El estado mental que va adjunto a esta alineación es lo que crea a su vez los cambios físicos que vaticina y espera el atleta para ganar la competencia. Entonces, podríamos concluir que dicho campeonato de fisiculturismo, así como cualquier otro evento competitivo, no son competencias físicas, sino más bien competencias de intenciones.
El pensamiento positivo produce vibraciones positivas altas que absorben a las vibraciones negativas más bajas, creando un ambiente de uniformidad positiva que es contagioso. Así como el calor que se propaga de un sistema de mayor energía a uno de menor energía, de este mismo modo se propagan las ondas con altas vibraciones. Se generan en nuestra mente, se transmiten a todo nuestro cuerpo y, finalmente, se irradian a las personas que nos rodean. Y esto es, básicamente, lo que hacen los grandes motivadores. Entonces, empecemos por motivar nosotros mismos a nuestro cuerpo para que produzca los cambios deseados.
Los atletas exitosos utilizan, consciente o inconscientemente, diferentes técnicas de mentalización positiva durante su preparación. Entre estas podemos destacar la visualización: se visualizan ellos mismos durante el entrenamiento, realizando las técnicas una y otra vez de manera impecable. Asimismo, se imaginan con frecuencia participando en el evento y visualizan el momento final de la competencia, recibiendo la ovación del público y el premio final. Usan también la técnica de recreación de movimiento, donde reproducen mentalmente todos los movimientos que el cuerpo realizará en la competencia de manera ordenada y perfecta. Todos estos ejercicios mentales recrean, no sólo la excelente ejecución que ellos desean hacer, sino también el momento del triunfo. Esto produce un estado mental que genera fuertes emociones positivas –que junto con el repaso mental de los movimientos físicos– logran crear una fuerte conexión mente-cuerpo. Esto, a su vez, activa unas poderosas vías neuromusculares que mejoran y aceleran la respuesta de los músculos ante todos los estímulos que genera el cerebro, convirtiendo así a la mente y al cuerpo en un solo sistema. De esta manera, no habrá nada que el cerebro del atleta ordene que el cuerpo no ejecute. Y ese ha sido el secreto mental de los grandes atletas de toda la historia. Ellos siempre han sabido que primero se debe preparar la mente para los cambios que va a experimentar el cuerpo.
Amigo lector, habiendo entendido esto, te dejo una fórmula infalible para el éxito, que radica en establecer una congruencia entre pensamiento, palabra y acción, lo cual produce indudablemente resultados extraordinarios y repito:
PENSAMIENTO + PALABRA + ACCION=
¡RESULTADOS EXTRAORDINARIOS!
Queda claro que todos los proyectos exitosos tienen su origen en un pensamiento positivo; entonces les pregunto: “¿Cuál es el gran negocio de la vida?”. La respuesta es, PENSAR, porque todo aquel que domina el pensamiento, controla sus circunstancias.