Cuando tu cuerpo hable, escúchalo


Todos hemos sentido en algún momento esa vocecita sigilosa y sutil pero perceptible desde nuestro interior, que nos alerta, instruye o guía, que nos lleva a la reflexión o consideración de una nueva alternativa que no habíamos contemplado antes. Esos susurros de nuestro interior que le podemos llamar intuición, sexto sentido o la voz de la conciencia, son destellos de la inteligencia superior que es inherente a todos nosotros, emana de nosotros y es parte de nosotros mismos. Este tipo de inteligencia emocional nos ha servido a través de todos los tiempos como una guía subjetiva, que ha resultado una valiosa fuente de inspiración a muchos artistas, descubridores e inventores. Sin embargo, su tono es tan sutil que muchas veces no la escuchamos y otras no la reconocemos porque no estamos familiarizados con ella. Esto sucede debido a que estamos desconectados de nosotros mismos, de nuestra verdadera esencia.

Pero también existen personas que han aprendido a escuchar e interpretar su voz interior y los hemos escuchado decir: “mi intuición no me falla” y aunque nos parezca ilógico e incomprensible, si analizamos sus vidas podemos corroborar que rara vez esa voz interior les falla. Entonces es posible que nos preguntemos: “¿Cómo una información de naturaleza tan subjetiva y de una procedencia desconocida puede acarrear resultados confiables? ¿Cómo una idea que proviene de un espacio íntimo, pero a la vez incierto puede guiarnos por el camino correcto y sacarnos airosos de diferentes situaciones?”.

Puede resultar difícil para muchos, especialmente si se tiene una mentalidad analítica, tomar decisiones fundamentales confiando sólo en un conocimiento subjetivo y abstracto, que carece de bases científicas comprobables. Pero si lo analizamos más a fondo y detenidamente podremos ver que todas las grandes mentes científicas han confiado en algún momento en este tipo de inteligencia emocional o intuición, pues las invenciones y los descubrimientos más geniales y trascendentales para la humanidad han tenido su origen en la imaginación de alguien, sin haber podido ser comprobados científicamente mediante ningún método objetivo, hasta que fueron llevados a la práctica.

¿Ven, cómo hasta las mentes más científicas y analíticas han tenido que confiar en su voz interior, pues es ésta la que les brinda la inspiración para concebir una idea? Como dijo Albert Einstein: “Lo más grande que tiene el ser humano no es su inteligencia, sino su imaginación”. Yo, particularmente, veo estos destellos de creatividad inédita, no sólo como simples momentos de inspiración, sino más bien como breves lapsos de conexión con la Inteligencia Universal, pero eso es material para otro libro.

Entonces queda claro, que si bien esa voz interior es subjetiva, sus resultados pueden ser reales y tangibles. Pero hay una consideración importante que debemos tomar en cuenta, y es la naturaleza de la relación que tenemos con nosotros mismos, el grado de intimidad que llegamos a desarrollar con nuestro propio ser. Para poder escuchar e interpretar la voz de nuestra conciencia emocional, espiritual o intelectual debemos desarrollar una relación plena con nuestro yo interior. Y recalco, la capacidad de confiar en nuestra voz interior se desarrolla en la medida en que confiamos en nosotros mismos, en nuestra verdadera esencia de seres humanos con posibilidades ilimitadas. Este tipo de comunicación subjetiva, no verbal e íntima también se expresa a nivel fisiológico y puede ser interpretada efectivamente por el cuerpo y traducida a nuestra perspectiva consciente a través de señales como: cansancio, apatía, debilidad, dolor o, por el contrario, como: energía excesiva, euforia, animosidad, entre otros estados de ánimo o sensaciones.

El cuerpo posee una infinidad de receptores e indicadores para los diferentes estados fisiológicos como lo son: el cansancio o agotamiento físico, el estrés emocional, la deshidratación, la fatiga muscular, la acidosis, el sobreentrenamiento, entre otros. Pero también cuenta con mecanismos para detectar o identificar factores benéficos como una recuperación rápida, niveles altos de energía, un balance adecuado de electrolitos y niveles hormonales óptimos. Cuando se desarrollan condiciones que ponen en peligro nuestra salud, nuestro sistema fisiológico emite unas señales que activan un sistema de respuesta tanto física como emocional. En este punto es que llega a ser importante cuán íntima es la relación que tenemos con nuestro yo interior, para poder entender el mensaje que nos envía nuestra voz interior en forma de intuición, reconocer su significado y actuar conforme a eso.

Escuchar al cuerpo es mantenerse abierto y receptivo a todas las señales que éste nos envía. Si, por ejemplo, hemos tenido un día muy cargado emocionalmente y se nos ha acumulado mucha tensión muscular, podemos sentir muchos deseos de ir al gimnasio y entrenar fuertemente, con ¡FURIA! o podríamos experimentar la urgencia de salir a correr largas distancias y eso es, precisamente, lo que nuestro sistema necesita, liberar esa tensión y esa energía acumulada. Por el contrario, si hemos estado entrenando intensamente por un largo periodo de tiempo, sin descansar suficiente y tal vez siguiendo una dieta restrictiva, los niveles de testosterona disminuyen y aumentan los de cortisol (hormona catabólica) como consecuencia del sobreentrenamiento. Comenzamos a sentirnos cansados, con poca energía, sin deseos de entrenar y hasta podemos sentir malestar generalizado y dolores musculares. Estas son las señales fisiológicas y emocionales que nos envía el cuerpo tratando de decirnos que necesita un descanso.

Si nos mantenemos receptivos a nuestras señales internas, las sabremos escuchar e interpretar, y podremos tomar la acción adecuada y pertinente para evitar el estancamiento y mantener el progreso físico deseado. Querido lector: no prestes oídos sordos cuando tu cuerpo te hable, sé un oyente sensible de tus propias necesidades corporales. Así que, de ahora en adelante cuando tu cuerpo te hable, escúchalo.

friend, so absorbed in the exquisite sense of mere tranquil existence, that I neglect my talents.